El síndrome de colon irritable es un trastorno funcional del sistema digestivo que se caracteriza por dolor abdominal crónico, distensión, alteraciones en el tránsito intestinal (diarrea, estreñimiento o ambos) y malestar general. Su tratamiento requiere una intervención nutricional individualizada, enfocada en la identificación y control de alimentos desencadenantes.
La enfermedad celíaca es una patología autoinmune provocada por una reacción anómala al gluten, una proteína presente en el trigo, cebada y centeno. La exposición al gluten en personas con esta condición genera daño intestinal, mala absorción de nutrientes y diversos síntomas gastrointestinales y sistémicos. El único tratamiento eficaz es una dieta estricta libre de gluten de por vida.
La intolerancia a la lactosa es la dificultad para digerir el azúcar de la leche por déficit de una enzima llamada lactasa lo que provoca distensión abdominal, gases y diarrea tras el consumo de lácteos. La malabsorción de fructosa igualmente es un déficit enzimático y puede provocar síntomas similares. Los alimentos con FODMAP son carbohidratos de cadena corta que se digieren o absorben de forma ineficiente en el intestino delgado, lo que genera gases por fermentación y causa distensión abdominal. El enfoque FODMAP (eliminación, reintroducción y personalización) ayuda a identificar los carbohidratos que disparan los síntomas. Si te identificas con esto y necesitas un plan tolerable y variado, la doctora Mónica Reyes Posso puede acompañarte.
La gastritis y el reflujo gastroesofágico son afecciones frecuentes del tracto digestivo superior, caracterizadas por inflamación gástrica y retorno del contenido ácido del estómago hacia el esófago, respectivamente. El abordaje nutricional incluye modificaciones en la dieta, evitando irritantes gástricos y alimentos que desencadenen los síntomas.
El hígado graso o esteatosis hepática es una acumulación anormal de grasa en el hígado, asociada a sobrepeso, resistencia a la insulina y trastornos metabólicos. Si no se trata, puede evolucionar hacia inflamación hepática y daño crónico. La intervención nutricional busca reducir la grasa hepática mediante cambios en la alimentación, control de peso y actividad física.
Los cálculos en la vesícula biliar son depósitos sólidos que se forman dentro de la vesícula, generando cólicos, náuseas o inflamación. Una dieta baja en grasas saturadas, adecuada en fibra y controlada en porciones es fundamental para prevenir o manejar esta condición y evitar complicaciones.
El estreñimiento crónico es la dificultad persistente para evacuar de forma regular y completa. Puede estar relacionado con baja ingesta de fibra, líquidos insuficientes, sedentarismo o disfunción intestinal. El tratamiento nutricional se basa en mejorar el tránsito intestinal a través de una dieta rica en fibra, adecuada hidratación y hábitos intestinales saludables.
Las dietas postquirúrgicas requieren una planificación cuidadosa para facilitar la recuperación, prevenir complicaciones y asegurar una nutrición adecuada. Tras intervenciones como la extracción de la vesícula o cirugía por diverticulitis, se adaptan las texturas, composición y frecuencia de las comidas según el tipo de cirugía y el estado del paciente.
La alteración del microbiota intestinal implica un desequilibrio en las bacterias del intestino, lo cual puede afectar la digestión, la inmunidad y el metabolismo. Una alimentación rica en prebióticos, probióticos y fibra, así como el control de factores que dañan la microbiota, son claves para restaurar el equilibrio intestinal.
La alergia al gluten es una reacción inmunológica específica al gluten que puede causar síntomas gastrointestinales, cutáneos o respiratorios. A diferencia de la enfermedad celíaca, no produce daño intestinal, pero requiere igualmente una estricta eliminación del gluten en la dieta bajo supervisión médica y nutricional.
Los divertículos son pequeñas bolsas o sacos que sobresalen de las paredes del intestino, principalmente en el colon. Cuando estas bolsas están presentes, pero no causan síntomas, se le llama diverticulosis. Sin embargo, si se inflaman o infectan, se convierte en diverticulitis. Para esta enfermedad una dieta rica en fibra y un patrón alimentario saludable se asocian con menor riesgo de recurrencia. El manejo debe individualizarse según síntomas y evolución clínica. Para ajustar fibra, texturas y tiempos de reintroducción, puedes consultar de forma personalizada con la doctora Mónica Reyes Posso