También conduce a una baja en la respuesta sensorial a la saciedad y un aumento de la sensación de hambre. Si se presenta una disminución del peso corporal sin embargo no se ha encontrado que sea más efectivo que un plan nutricional balanceado con horarios más amplios. Ha habido muchos casos de constipación, deshidratación, debilidad y cambios bruscos de glucosa. Se ha encontrado que existe una disminución del gasto energético en reposo. Aún se requiere de mayor información sobre este tema. Pero si tiene el mismo efecto en la disminución del peso que la educación nutricional, no es necesario someter a nuestro organismo a un régimen “no natural” con ciertas consecuencias, para obtener los mismos resultados.
El hambre y la saciedad están controlados por hormonas (grelina, insulina, leptina, neuropéptido Y, insulina, colecistocinina, serotonina, glucagón, etc) secretadas por el estómago, páncreas, tejido adiposo, cerebro entre otros, llegando al hipotálamo en donde se indica el nivel de nutrientes existentes y el nivel de glucosa circulante (homeostasis energética). Si forzamos a un ayuno intermitente en donde se ignoran los periodos de hambre y saciedad y se reemplazan por horas de consumo o no consumo, se altera la homeostasis energética normal. Estudios realizados en animales y humanos indican que el ayuno intermitente conlleva a la compulsión alimentaria de alimentos densamente calóricos.